Cuando leemos hoy en día una obra como "Las Sillas", lejos de parecernos una maravillosa muestra del absurdo, donde la incongruencia y la irracionalidad disparatada e irreverente campan a sus anchas, la sorprendente impresión que nos queda es la de una obra perfectamente real, seria, lúcida y cabal. No acabamos de entender por qué se le llama "del absurdo" cuando refleja casi con precisión fotográfica nuestra más íntima realidad.

¿Tal ha sido el cambio del panorama teatral, tal el de la sociedad? Y es que lo que hace tiempo parecía absurdo, descerebrado, ya no lo parece tanto.

¿Hemos pues, evolucionado o retrocedido? ¿Fue Ionesco un visionario, quen previó nuestro presente, o nos acercó a la comprensión y asunción de una realidad hasta entonces inefable?